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La calidad de los alimentos orgánicos

Sobre este tema circula mucha exageración, en las dos direcciones. Aquí separamos lo que está bien establecido de lo que sigue en discusión, sin vender milagros.

Lo que sí está claro

Muchos menos residuos de plaguicidas

Es la diferencia mejor documentada y la menos discutida. Los productos de agricultura orgánica presentan residuos de plaguicidas de síntesis con una frecuencia muy inferior a los convencionales, y cuando aparecen suelen deberse a deriva desde predios vecinos o a contaminación cruzada posterior a la cosecha, no al manejo del cultivo.

Esto importa especialmente en las hortalizas de hoja y en la fruta que se come con cáscara, donde el residuo no se elimina lavando.

Nada de transgénicos

La normativa orgánica excluye los organismos genéticamente modificados en toda la cadena: semilla, alimento animal e insumos. Si ese es un criterio importante para usted, la certificación orgánica es la vía más directa para asegurarlo.

Más frescura, porque el trayecto es corto

Una lechuga cosechada en Talagante y vendida en Ñuñoa al día siguiente no tiene nada que ver con una que pasó una semana en cámara. La vitamina C y los folatos, en particular, se degradan rápido después de la cosecha. Buena parte de la diferencia de sabor y de valor nutricional que la gente percibe en un producto orgánico no viene del método de cultivo sino de esta cercanía.

Menos nitrato en hojas

La fertilización nitrogenada soluble tiende a acumular nitrato en las hojas, sobre todo en espinaca, acelga y lechuga cultivadas bajo plástico. La fertilización orgánica libera nitrógeno lentamente y produce en general concentraciones más bajas.

Lo que está en discusión

Sobre vitaminas y minerales, la evidencia es mixta. Las revisiones científicas de las últimas décadas no muestran una diferencia grande ni consistente en el contenido nutricional entre productos orgánicos y convencionales. Algunos estudios encuentran más antioxidantes y compuestos fenólicos en los orgánicos —una explicación probable es que la planta que debe defenderse sola produce más de estos compuestos—, pero la magnitud varía mucho según la especie, la variedad, el suelo y la temporada.

Nuestra posición es simple: comprar orgánico por razones nutricionales exclusivamente es apoyarse en el argumento más débil. Las razones sólidas son la ausencia de residuos, la frescura, el sabor y lo que ese sistema productivo hace con el suelo, el agua y la gente que trabaja la tierra.

Lo que no se ve en el producto

Buena parte del efecto de la agricultura orgánica no está en el alimento sino en el lugar donde se produjo:

Cómo reconocer un producto realmente orgánico

  1. Busque la certificación. En Chile, la denominación «orgánico» está regulada por la Ley N° 20.089 y fiscalizada por el SAG. Un envase que la usa debe poder respaldarla.
  2. O conozca al productor. Saber de qué predio viene, quién lo cultiva y poder ir a verlo es una garantía tan válida como un sello, y para un agricultor pequeño muchas veces es la única viable.
  3. Desconfíe de lo perfecto y lo eterno. Una verdura orgánica tiene tamaños irregulares, alguna hoja marcada y dura menos en el refrigerador. Eso es normal, no un defecto.
  4. Fíjese en la temporada. Si le ofrecen tomate orgánico chileno en pleno invierno, la pregunta obvia es de dónde salió.

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